RESUMEN
Siendo la felicidad producto de una percepción intrínseca del ser humano y estando ésta ligada a factores cercanos a él –familia, amigos, posesiones-, las problemáticas sociales influyen poco en los niveles que de ésta llegamos a tener los mexicanos, esto como consecuencia de la falta de educación cívica que nos lleva a concebir estás problemáticas como algo alejado a nuestra realidad y a nuestro desarrollo personal.
En un mundo donde vivir aprisa es algo cotidiano, pocas veces nos ponemos a pensar –por falta de tiempo creo, aun cuando vivimos en función de él- en lo que realmente vale la pena de esta vida, y una de esas cosas, es la felicidad.
A lo largo del curso propedéutico, he tenido la oportunidad de conocer aspectos de este mundo en el que vivo, de los que debo reconocer que desconocía, por falta de tiempo para escuchar de ellos, pero también por falta de interés por salir de mis propios ámbitos de vida, uno de esos aspectos fue el tener conciencia de la importancia de un movimiento a favor de vivir la vida sin prisas, el llamado “movimiento slow”; leyendo sobre él, realicé mi primera reflexión sobre la felicidad sin saber que más tarde, esta sería la base para la reflexión que sobre ésta me dispongo a realizar a través de éstas líneas.
Leyendo sobre ese movimiento, pensé en cuantas ocasiones me habría gustado ser yo la que impusiera mis propios horarios, mis propios tiempos, mis propios modos aún cuando ello implicara pasar por sobre todas esas disposiciones que señalan que para todo hay tiempo y para todo hay lugar, aún cuando pareciera que eso no es del todo cierto, fue en esa reflexión que me percaté de cuanta felicidad habré dejado de sentir por hacer cosas a tiempos y a modos que no eran de mi agrado.
Tiempo después, a través del trabajo en foros, se nos pidió reflexionar sobre la gran cantidad de problemas que como sociedad y como mundo vivimos todos los días, no puedo decir que padecemos porque cada quien tiene sus propios modos de percibir las cosas, y que, desde mi perspectiva, debían ser condición para vivir preocupados y un poco infelices por encontrarnos inmersos en ellos, sin embargo, cual fue mi sorpresa cuando tuve conocimiento, poco después, de una encuesta que señalaba que los mexicanos somos felices, esto de acuerdo a la encuestadora, Consulta Mitofsky, quien señala que “los habitantes de este país, se dicen felices en un 8.5, si tuvieran que calificar del 0 al 10”, sus niveles de felicidad.
(En: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf)
Cuestión difícil de creer si volteamos un poco alrededor y nos fijamos en todo aquello que nos rodea: inseguridad, desempleo, violencia, pobreza, desastres naturales, una sociedad confrontada por ideologías políticas, corrupción, en fin, una gran variedad de problemáticas, que por los resultados de esa encuesta, se ve no afectan nada en los niveles de felicidad que podemos llegar a experimentar, situación que en lo personal me provocó una gran confusión, ya que pensé que viviendo en situaciones como las antes descritas, la felicidad de las personas, debía verse bastante afectada.
Sobre esta reflexión, fui desarrollando una idea que consideraba tenía un sustento bastante lógico, lo que en realidad, nunca debe ser la base de ningún tipo de idea, ya que la lógica sólo es válida para aquellos que la conciben como tal pero no para todos.
Dicha idea se sustentaba sobre pensar que los niveles altos de felicidad que como mexicanos tenemos se debían principalmente a la apatía que ante los problemas sociales presentamos y que nos llevan a ser felices, aún cuando el contexto en el que nos desarrollemos no sea del todo apropiado.
Con esta idea, comencé a confrontar mis puntos de vista con otras personas, lo que me permitió darme cuenta que mi idea antes referida, no es del todo cierta, ya que hay otros factores que influyen en esa apatía ante los problemas sociales y sobre todo que la felicidad es un factor intrínseco del ser humano y no tanto producto de las influencias externas que recibimos del exterior.
¿Qué es la felicidad y de que depende su existencia?
Definir qué es la felicidad, considero es muy subjetivo, porque cada quien puede tener su propia definición de ella o incluso no tener ninguna, sin embargo, yo decidí utilizar una que señala que la felicidad es “un estado afectivo de satisfacción plena que experimenta subjetivamente el individuo en posesión de un bien anhelado”. (Alarcón, 2006, p. 101).
Analizando dicho concepto, podemos suponer entonces que la felicidad es algo, que si bien tiene un sentido determinado por la cultura, y que por ello pudiera estar definido más en términos de la sociedad que de uno mismo, sigue siendo la definición de ésta algo intrínseco al ser humano, como bien lo mencionan Lu y Shih cuando señalan (1997, cit. En Alarcón, 2006) que la concepción occidental de la felicidad otorga mayor énfasis a la evaluación interior.
Esta idea me llevó investigar más sobre la felicidad, encontrando por ejemplo, que en estudios de Psicología Positiva, la felicidad está íntimamente ligada a la “satisfacción con la vida”, que de acuerdo a lo establecido por Pavot y Diener (2005, cit. En Laca, Verdugo y Guzmán, p. 326) es un proceso de juicio mediante el cual los individuos valoran la calidad de sus vidas sobre la base de su propio conjunto único de criterios, relacionados estos, con factores como la salud, las relaciones interpersonales, la vida laboral, el nivel adquisitivo y otros, todos estos factores como podemos ver intrínsecos al ser humano.
Analizando una obra clásica de estudios filosóficos sobre la felicidad, encontré las ideas de un autor llamado Bertrand Russell, quien en su obra “La Conquista de la felicidad” describe que “las causas de la felicidad son: el afecto, la familia, el trabajo, el esfuerzo y la resignación”. (Gómez, p. 3).
E incluso existen también la idea de que “aunque la felicidad está sujeta a un amplio rango de influencias externas”, señala el doctor Alex Linley, del Centro para la Aplicación de la Psicología Positiva, “”han encontrado que hay un componente hereditario de felicidad, que se explica totalmente por la arquitectura genética de la personalidad””. (BBC ciencia, 2008).
Todas estas ideas, me llevaron a confirmar entonces que la felicidad es algo determinado por el propio ser humano y sobre todo, que dicha determinación sobre si se es feliz o no, radica más en factores que consideramos prioritarios para nuestra vida y sobre todo cercanos a nosotros, que en factores que aunque nos rodeen y sirvan de contexto para nuestro desarrollo, los sentimos ajenos a nuestra realidad cotidiana e incluso como factores no determinantes de nuestra vida, cuestión que en nuestro caso, incluyen todas esas problemáticas sociales que día con día vemos con toda la tranquilidad del mundo a través de los noticieros.
Educación cívica: el futuro de la felicidad social
¿Qué influye entonces en esa apatía ante los problemas sociales, si no es el temor a afectar nuestros niveles de felicidad como creía?
Retomando la idea de que sólo aquello que consideramos cercano a nosotros y que de una u otra forma sentimos nos afecta, es decir, aquello intrínseco a nosotros mismos, considero que es la falta de educación cívica lo que nos lleva a considerar las problemáticas sociales, como algo ajeno a nosotros e incluso lejanas a nuestro ámbito de competencias, siendo por ello apáticos no sólo en conocerlos para entenderlos, sino sobre todo, para no querer participar para erradicarlos, lavándonos las manos en cuanto a la responsabilidad que para con estas situaciones debiéramos tener.
Atendiendo a la encuesta antes referida, en ella se señala, que el único factor social que parece influye en nuestros niveles de felicidad tiene referencia con el dinero, con el nivel de ingresos que llegamos a tener ya que como ahí se menciona a menor nivel de ingreso menos felicidad se llega a sentir.
Consulta Mitofsky señala que los niveles de felicidad en relación al nivel de ingreso se presentan de la siguiente forma: “nivel alto, 86.8% de felicidad; nivel medio, 80,8% y nivel bajo 72.9%”.
(En: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf).
Cuestión que sin embargo, como podemos ver, tampoco afecta en demasía esos niveles altos de felicidad que tenemos en general.
¿Porqué es importante, el que como país logremos integrar a esos entornos cercanos e importantes para nuestra vida y por ende, para nuestra felicidad, a la vida social y política en la que nos desarrollamos?.
Por la sencilla razón de que si no lo hacemos, este país seguirá caminando por el mismo rumbo, el de la corrupción, el de la injusticia, el de la falta de equidad, el de la falta de oportunidades, el de la pobreza que tanto lástima sólo a aquellos que la padecen, aún cuando debiera afectarnos a todos, y sobre todo, porque en estos momentos en que pareciera que el país camina sin rumbo, puede llegarse el momento en que ni todos los factores interpersonales que nos ayudan a ser felices –amigos, familia, posesiones- nos van a ayudar a seguir conservando esa felicidad, cuando veamos que el país en el que nos sentíamos seguros y felices ya no existe y sólo quedan recuerdos de lo que fuimos y que nunca volveremos a hacer.
¿Cómo lograr este cambio en la forma de percibir esa realidad, ahora ajena, como algo que forma parte de nosotros mismos y con la que deberíamos por ello sentir una gran responsabilidad?, sólo con la educación, que como siempre, es la gran salvadora no sólo de las naciones sino de los individuos, una educación cívica que como menciona Bolívar, es el “conjunto de saberes y de competencias que posibilitan la integración y participación activa en la vida pública”. (Bolívar, 2007, p.16) y que nos lleve a convertirnos en una ciudadanía educada, activa y responsable, que finque su felicidad no sólo en sus entornos inmediatos sino también en los entornos en los que conduce su vida.
Ojala podamos lograr esto, y sobre todo asumir que todos tenemos una responsabilidad no sólo con nosotros mismos, lo que nos lleva a buscar nuestra felicidad a costa de lo que sea o de quien sea en muchos casos, sino también una responsabilidad para con los demás reflejados en esa sociedad tan lejana en nuestra perspectiva pero tan cercana para el desarrollo de nuestras vidas.
Y mientras logramos esto, el que con educación cívica nos hagamos conscientes de nuestra responsabilidad y que nuestra felicidad dependa también de que nuestro país se encuentre en óptimas condiciones, pensemos en esta idea contenida en el libro de Russell (1930, Cit. En Gómez) para comprometernos más con esos entornos políticos, sociales y económicos que nos rodean:
“La vida es demasiado breve para interesarnos por todo, pero está bien que nos interesemos por todo aquello que puede hacernos pasar el rato” y más que un rato, toda la vida, añadiría yo.
REFERENCIAS:
Bolívar, A. (2007). Educación para la ciudadanía. Barcelona: Editorial Grao
Consulta Mitofsky. (2007) Amistad y felicidad: pocos amigos y sin embargo somos felices. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf
Laca, F., Verdugo, J. y Guzmán, J. (2005) Satisfacción con la vida de algunos colectivos mexicanos: una discusión sobre la psicología del bienestar subjetivo. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=29210208
Alarcón, R. (2006). Desarrollo de una escala factorial para medir la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=28440110
BBC Mundo. (2008). Los genes de la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7279000/7279956.stm
Omnia. (2007). Inseguros y sin trabajo pero felices el 85% de los mexicanos. Recuperado el 5 de junio de 2008 de
http://www.omnia.com.mx/imprimir.php?id_n=56113
Gómez, C. La búsqueda de la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 dehttp://iteso.mx/~cgomez/felicidad/russell.doc
Siendo la felicidad producto de una percepción intrínseca del ser humano y estando ésta ligada a factores cercanos a él –familia, amigos, posesiones-, las problemáticas sociales influyen poco en los niveles que de ésta llegamos a tener los mexicanos, esto como consecuencia de la falta de educación cívica que nos lleva a concebir estás problemáticas como algo alejado a nuestra realidad y a nuestro desarrollo personal.
En un mundo donde vivir aprisa es algo cotidiano, pocas veces nos ponemos a pensar –por falta de tiempo creo, aun cuando vivimos en función de él- en lo que realmente vale la pena de esta vida, y una de esas cosas, es la felicidad.
A lo largo del curso propedéutico, he tenido la oportunidad de conocer aspectos de este mundo en el que vivo, de los que debo reconocer que desconocía, por falta de tiempo para escuchar de ellos, pero también por falta de interés por salir de mis propios ámbitos de vida, uno de esos aspectos fue el tener conciencia de la importancia de un movimiento a favor de vivir la vida sin prisas, el llamado “movimiento slow”; leyendo sobre él, realicé mi primera reflexión sobre la felicidad sin saber que más tarde, esta sería la base para la reflexión que sobre ésta me dispongo a realizar a través de éstas líneas.
Leyendo sobre ese movimiento, pensé en cuantas ocasiones me habría gustado ser yo la que impusiera mis propios horarios, mis propios tiempos, mis propios modos aún cuando ello implicara pasar por sobre todas esas disposiciones que señalan que para todo hay tiempo y para todo hay lugar, aún cuando pareciera que eso no es del todo cierto, fue en esa reflexión que me percaté de cuanta felicidad habré dejado de sentir por hacer cosas a tiempos y a modos que no eran de mi agrado.
Tiempo después, a través del trabajo en foros, se nos pidió reflexionar sobre la gran cantidad de problemas que como sociedad y como mundo vivimos todos los días, no puedo decir que padecemos porque cada quien tiene sus propios modos de percibir las cosas, y que, desde mi perspectiva, debían ser condición para vivir preocupados y un poco infelices por encontrarnos inmersos en ellos, sin embargo, cual fue mi sorpresa cuando tuve conocimiento, poco después, de una encuesta que señalaba que los mexicanos somos felices, esto de acuerdo a la encuestadora, Consulta Mitofsky, quien señala que “los habitantes de este país, se dicen felices en un 8.5, si tuvieran que calificar del 0 al 10”, sus niveles de felicidad.
(En: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf)
Cuestión difícil de creer si volteamos un poco alrededor y nos fijamos en todo aquello que nos rodea: inseguridad, desempleo, violencia, pobreza, desastres naturales, una sociedad confrontada por ideologías políticas, corrupción, en fin, una gran variedad de problemáticas, que por los resultados de esa encuesta, se ve no afectan nada en los niveles de felicidad que podemos llegar a experimentar, situación que en lo personal me provocó una gran confusión, ya que pensé que viviendo en situaciones como las antes descritas, la felicidad de las personas, debía verse bastante afectada.
Sobre esta reflexión, fui desarrollando una idea que consideraba tenía un sustento bastante lógico, lo que en realidad, nunca debe ser la base de ningún tipo de idea, ya que la lógica sólo es válida para aquellos que la conciben como tal pero no para todos.
Dicha idea se sustentaba sobre pensar que los niveles altos de felicidad que como mexicanos tenemos se debían principalmente a la apatía que ante los problemas sociales presentamos y que nos llevan a ser felices, aún cuando el contexto en el que nos desarrollemos no sea del todo apropiado.
Con esta idea, comencé a confrontar mis puntos de vista con otras personas, lo que me permitió darme cuenta que mi idea antes referida, no es del todo cierta, ya que hay otros factores que influyen en esa apatía ante los problemas sociales y sobre todo que la felicidad es un factor intrínseco del ser humano y no tanto producto de las influencias externas que recibimos del exterior.
¿Qué es la felicidad y de que depende su existencia?
Definir qué es la felicidad, considero es muy subjetivo, porque cada quien puede tener su propia definición de ella o incluso no tener ninguna, sin embargo, yo decidí utilizar una que señala que la felicidad es “un estado afectivo de satisfacción plena que experimenta subjetivamente el individuo en posesión de un bien anhelado”. (Alarcón, 2006, p. 101).
Analizando dicho concepto, podemos suponer entonces que la felicidad es algo, que si bien tiene un sentido determinado por la cultura, y que por ello pudiera estar definido más en términos de la sociedad que de uno mismo, sigue siendo la definición de ésta algo intrínseco al ser humano, como bien lo mencionan Lu y Shih cuando señalan (1997, cit. En Alarcón, 2006) que la concepción occidental de la felicidad otorga mayor énfasis a la evaluación interior.
Esta idea me llevó investigar más sobre la felicidad, encontrando por ejemplo, que en estudios de Psicología Positiva, la felicidad está íntimamente ligada a la “satisfacción con la vida”, que de acuerdo a lo establecido por Pavot y Diener (2005, cit. En Laca, Verdugo y Guzmán, p. 326) es un proceso de juicio mediante el cual los individuos valoran la calidad de sus vidas sobre la base de su propio conjunto único de criterios, relacionados estos, con factores como la salud, las relaciones interpersonales, la vida laboral, el nivel adquisitivo y otros, todos estos factores como podemos ver intrínsecos al ser humano.
Analizando una obra clásica de estudios filosóficos sobre la felicidad, encontré las ideas de un autor llamado Bertrand Russell, quien en su obra “La Conquista de la felicidad” describe que “las causas de la felicidad son: el afecto, la familia, el trabajo, el esfuerzo y la resignación”. (Gómez, p. 3).
E incluso existen también la idea de que “aunque la felicidad está sujeta a un amplio rango de influencias externas”, señala el doctor Alex Linley, del Centro para la Aplicación de la Psicología Positiva, “”han encontrado que hay un componente hereditario de felicidad, que se explica totalmente por la arquitectura genética de la personalidad””. (BBC ciencia, 2008).
Todas estas ideas, me llevaron a confirmar entonces que la felicidad es algo determinado por el propio ser humano y sobre todo, que dicha determinación sobre si se es feliz o no, radica más en factores que consideramos prioritarios para nuestra vida y sobre todo cercanos a nosotros, que en factores que aunque nos rodeen y sirvan de contexto para nuestro desarrollo, los sentimos ajenos a nuestra realidad cotidiana e incluso como factores no determinantes de nuestra vida, cuestión que en nuestro caso, incluyen todas esas problemáticas sociales que día con día vemos con toda la tranquilidad del mundo a través de los noticieros.
Educación cívica: el futuro de la felicidad social
¿Qué influye entonces en esa apatía ante los problemas sociales, si no es el temor a afectar nuestros niveles de felicidad como creía?
Retomando la idea de que sólo aquello que consideramos cercano a nosotros y que de una u otra forma sentimos nos afecta, es decir, aquello intrínseco a nosotros mismos, considero que es la falta de educación cívica lo que nos lleva a considerar las problemáticas sociales, como algo ajeno a nosotros e incluso lejanas a nuestro ámbito de competencias, siendo por ello apáticos no sólo en conocerlos para entenderlos, sino sobre todo, para no querer participar para erradicarlos, lavándonos las manos en cuanto a la responsabilidad que para con estas situaciones debiéramos tener.
Atendiendo a la encuesta antes referida, en ella se señala, que el único factor social que parece influye en nuestros niveles de felicidad tiene referencia con el dinero, con el nivel de ingresos que llegamos a tener ya que como ahí se menciona a menor nivel de ingreso menos felicidad se llega a sentir.
Consulta Mitofsky señala que los niveles de felicidad en relación al nivel de ingreso se presentan de la siguiente forma: “nivel alto, 86.8% de felicidad; nivel medio, 80,8% y nivel bajo 72.9%”.
(En: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf).
Cuestión que sin embargo, como podemos ver, tampoco afecta en demasía esos niveles altos de felicidad que tenemos en general.
¿Porqué es importante, el que como país logremos integrar a esos entornos cercanos e importantes para nuestra vida y por ende, para nuestra felicidad, a la vida social y política en la que nos desarrollamos?.
Por la sencilla razón de que si no lo hacemos, este país seguirá caminando por el mismo rumbo, el de la corrupción, el de la injusticia, el de la falta de equidad, el de la falta de oportunidades, el de la pobreza que tanto lástima sólo a aquellos que la padecen, aún cuando debiera afectarnos a todos, y sobre todo, porque en estos momentos en que pareciera que el país camina sin rumbo, puede llegarse el momento en que ni todos los factores interpersonales que nos ayudan a ser felices –amigos, familia, posesiones- nos van a ayudar a seguir conservando esa felicidad, cuando veamos que el país en el que nos sentíamos seguros y felices ya no existe y sólo quedan recuerdos de lo que fuimos y que nunca volveremos a hacer.
¿Cómo lograr este cambio en la forma de percibir esa realidad, ahora ajena, como algo que forma parte de nosotros mismos y con la que deberíamos por ello sentir una gran responsabilidad?, sólo con la educación, que como siempre, es la gran salvadora no sólo de las naciones sino de los individuos, una educación cívica que como menciona Bolívar, es el “conjunto de saberes y de competencias que posibilitan la integración y participación activa en la vida pública”. (Bolívar, 2007, p.16) y que nos lleve a convertirnos en una ciudadanía educada, activa y responsable, que finque su felicidad no sólo en sus entornos inmediatos sino también en los entornos en los que conduce su vida.
Ojala podamos lograr esto, y sobre todo asumir que todos tenemos una responsabilidad no sólo con nosotros mismos, lo que nos lleva a buscar nuestra felicidad a costa de lo que sea o de quien sea en muchos casos, sino también una responsabilidad para con los demás reflejados en esa sociedad tan lejana en nuestra perspectiva pero tan cercana para el desarrollo de nuestras vidas.
Y mientras logramos esto, el que con educación cívica nos hagamos conscientes de nuestra responsabilidad y que nuestra felicidad dependa también de que nuestro país se encuentre en óptimas condiciones, pensemos en esta idea contenida en el libro de Russell (1930, Cit. En Gómez) para comprometernos más con esos entornos políticos, sociales y económicos que nos rodean:
“La vida es demasiado breve para interesarnos por todo, pero está bien que nos interesemos por todo aquello que puede hacernos pasar el rato” y más que un rato, toda la vida, añadiría yo.
REFERENCIAS:
Bolívar, A. (2007). Educación para la ciudadanía. Barcelona: Editorial Grao
Consulta Mitofsky. (2007) Amistad y felicidad: pocos amigos y sin embargo somos felices. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/12_mexicanos_pdf/
mxc_20071027_NA_Felicidad.pdf
Laca, F., Verdugo, J. y Guzmán, J. (2005) Satisfacción con la vida de algunos colectivos mexicanos: una discusión sobre la psicología del bienestar subjetivo. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=29210208
Alarcón, R. (2006). Desarrollo de una escala factorial para medir la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=28440110
BBC Mundo. (2008). Los genes de la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 de
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7279000/7279956.stm
Omnia. (2007). Inseguros y sin trabajo pero felices el 85% de los mexicanos. Recuperado el 5 de junio de 2008 de
http://www.omnia.com.mx/imprimir.php?id_n=56113
Gómez, C. La búsqueda de la felicidad. Recuperado el 5 de Junio de 2008 dehttp://iteso.mx/~cgomez/felicidad/russell.doc

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